miércoles, 24 de marzo de 2010

Los paraguas

Hoy voy a hablar de los paraguas. Esos artefactos tan útiles cuando las precipitaciones hacen acto de presencia, como tod@s sabemos. Pero en ocasiones, a pesar de su gran utilidad, nos dan ganas de prenderles fuego, aplastarlos, desgarrarlos... o mejor dicho metérselos por el culo a ciertas personas que parece que no saben para que se utilizan.

Pero vamos al grano.
Hay días como hoy, en los que brilla sol y sales a la calle simplemente con una chaqueta. No hace falta más pues hace buen tiempo... o eso creías tu.
El caso es que un par de horas después, el tiempo se pone en tu contra, y como no podía ser de otra forma empieza a llover.
Vale, hasta aquí todo bien.
El problema empieza una vez que el resto del mundo sale a la calle, evidentemente con sus respectivos paraguas.

Llegados a este punto creo que es necesario definir el concepto paraguas, que no es otra cosa que un utensilio portátil para resguardarse de la lluvia, compuesto de un bastón y un varillaje cubierto de tela que puede extenderse o plegarse.
Debo recalcar que sirve para RESGUARDARSE DE LA LLUVIA, por si hay gente que todavía no lo ha pillado.

Bien, una vez definido el concepto, continuo.
Esta cayendo el diluvio universal y no tienes paraguas alguno a mano.
Tienes varias opciones: resguardarte en los portales o sitios con tejadillo, entrar a algún sitio a tomar algo y esperar que amaine, o si tienes prisa andar rápidamente pegad@ a la pared para intentar mojarte lo menos posible.

En este caso vamos a escoger la opción tres.
Entonces cuando vas casi rozando la pared, ya que es la única forma de no llegar a casa como un pollo mojado, se te aparecen ciertos obstáculos, normalmente en forma de personas con paraguas, a las cuales yo regalaría un diccionario para que entendiesen de una maldita vez para que sirven dichos utensilios.
El obstáculo esta delante tuyo. Si analizamos la situación, es obvio que esta persona al llevar paraguas debería apartarse de la pared y dejar paso a l@s que nos estamos empapando, ya que como he señalado anteriormente su función es resguardarnos de la lluvia, por lo que no es necesario caminar pegado a la pared.
Cuando esto sucede (que se aparten), tiene lugar algo que podríamos denominar "milagro", ya que rara es la vez que esto ocurre, por no decir que es imposible. Ya que la mayoría de las veces sucede todo lo contrario: te estas empapando, pero da igual, te jodes, porque eres tu quien se tiene que apartar y calarte aún más.
Y por si fuera poco, si tratases de intentar seguir pegad@ a la pared para que el sujeto en cuestión se apartase y te dejase pasar, se te presentarían las siguientes opciones: perderías un ojo, serías objeto de varios juramentos en hebreo, o directamente morirías por el impacto de las varillas en tu cerebro.

Yo misma, esta tarde he estado a punto de perder un ojo, y como supondreís la señora de los cojones no ha hecho ni amago de apartar el puto paraguas para no darme, sino que se ha alejado más altiva que la reina de Inglaterra.
Evidentemente la he despedido cagándome en toda su "bendita" familia.

Asi que lo dicho, aplicaos el cuento aquell@s que aun no sepáis andar por la calle con un paraguas, porque os arriesgáis a que alguien como yo os meta el paraguas por el culo y creedme que soy capaz de abrirlo después.

Ahí queda eso.

1 comentario:

  1. Son viejas. Siempre son las viejas. También son las responsables de hacer una fila de 20 personas en el banco, de tener que esperar 10 minutos más en la pescadería o de resultar tuerto en un simple desplazamiento... no olvidemos las miradas de odio en los autobuses, o aquellas que no saben, no pueden, no quieren (nunca) cerrar la bocaza por una simple cuestión de respeto. ¿Habremos cambiado las nuevas generaciones? Me parece a mí que algunos ni siquiera.

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